Hoy voy a hacer algo raro: publicaré una contracrónica en lugar de la crónica oficial de la inauguración de la Exposición del Metropolitan Museum de Nueva York sobre Barcelona y la Modernidad.
Hoy es uno de estos días en que uno se siente orgulloso de ser catalán. Orgulloso sin disimulos y sin sentimientos victimistas. Y es que uno ya está harto de este sentimiento de inferioridad herencia del franquismo y de la era pujolista. Da rábia pero han tenido que llegar los americanos para que nos enseñen a celebrar nuestro arte.
Hoy se ha inaugurado por todo lo alto esta exposición. 500 invitados han llenado las salas de este grandioso museo. La verdad es que este tipo de recepciones no me gustan y me estresan (hoy ha habido un momento en que me he encontrado entre tres aguas: entre tres grupos de personas que acababa de conocer y a los que no sabía atender a la vez). Suerte que un amigo me ha rescatado de esta presión social regalándome por arte de magia una entrada para la Ópera.
Pues sí: mucha gente en esta exposición. Políticos (Hereu, Mayol, Portabella, Joaquima Alemany,...), caras conocidas (Bassat, Miquel Roca i Junyent) y muchas caras desconocidas (las más interesantes). Y es que me gusta escuchar que dice la gente cuando visita un museo (la mayoría de ellos utilizando adjetivos tremendamente elogiosos). Por cierto una mujer me ha preguntado como se pronunciaba Domenech i Montaner (Dumenac i Muntané en barceloní, Domenec i Montane en lleidatà)
Sin buscarlo, queriéndome escapar de la clase política, entre ayer y hoy he tenido dos encuentros muy divertidos:
El primero fue el pasado lunes con Narcís Serra. Como yo, Xavi Menós, llevaba una camara trogloditísima que pesaba una barbaridad fui el último en abandonar la expo. Pues bien, resulta que me encuentro con Narcís Serra y nos ponemos a hablar. Sin enterarme veo como él se ha encargado de ordenar los cables de mis auriculares.
El segundo ha sido hoy. El Menda se ha perdido (algo usual en mi) por el MET y navegando sin rumbo entre las salas de arte europeo, me he econtrado en un mismo ascensor con el acalde Hereu y con la concejala Mayol. Estaremos de acuerdo: un ascensor es un sítio incómodo en el que nunca sabes que hacer... y más si te encuentras con dos personajes públicos. Pues bien, he tomado aire y les he felicitado por la exposición y nos hemos puesto a hablar. El ascensor nos ha dejado en la planta baja pero hemos continuado conversando. Ellos se han interesado por mi, sobre qué hacía en Nueva York. Yo les he contestado, a lo que el alcalde me dice:
- Cuando termines el Master, vuelve eh? Que vamos a hacer muchas cosas en el ámbito audiovisual en Barcelona (apuntado queda alcalde)
Y la Mayol cuando me pregunta de que pueblo soy (...), le contesto, y me dice:
- Hombre... claro que lo conozco! Creo que últimamente habeis estado muy moviditos...
Como hay temas de los que mejor que no hable, os digo que después de hartarme de salmón ahumado del aperitivo, me he escapado corriendo a la Opera de Nueva York donde he visto: Simon Boccanegra de Giuseppe Verdi. Así empieza el Segundo Acto. Simplemento bellísimo.